¿Conoces la fábula de la rana y la olla de agua hirviendo?

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La fábula y moraleja original

Cuenta que un día una rana cayó en una olla de agua hirviendo y su instinto hizo que saltara fuera de manera inmediata. Otro día volvió a caer pero el agua estaba fría, así que se quedó y nadó. Lo que ella no sabía era que el agua se estaba calentando poco a poco y al ir acostumbrándose gradualmente al aumento de temperatura acabó muriendo de calor.

Esta fábula nos advierte de que si te vas acostumbrando y acomodando a cambios que van llegando a tu vida sin reflexionarlos o cuestionarlos, estos pueden a la larga afectar negativamente tu calidad de vida.

Esta es la moraleja original de la fábula, pero yo siempre le he visto un lado positivo a esta historia, un aprendizaje pendiente de interiorizar.

Nueva moraleja

Piensa en el momento en el que decides llevar a cabo un cambio significativo en lo personal o en lo profesional. Por ejemplo:

  • Un cambio de hábitos alimenticios o de estilo de vida recomendados por un médico
  • Actualización de un proceso de trabajo que afecta de manera significativa la forma de trabajar de un gran equipo
  • Implantación de un nuevo sistema de retribución salarial en la compañía

Cuando tomamos la decisión de llevar a cabo esos cambios y tenemos las ideas claras (sabemos exactamente qué hacer, cuándo y cómo), somos implacables.

Nuestro nivel de motivación es tal que nos tiramos de cabeza, cual rana a la cazuela e implantamos los cambios.

Esto, tal y como le pasa a la rana de la fábula, provoca rechazo:

  • Esa dieta de la que estuviste enamorada la primera semana, ya no la soportas
  • El equipo sintió que el cambio en el proceso de trabajo era tan grande que solo les estaba haciendo más difícil sacar adelante lo que antes era sencillo
  • El nuevo sistema de retribución era tan amplio y complejo de entender que la gente sintió que se les estaba intentando colar algo negativo como un beneficio para ellos.

¿Te sientes identificado con alguna de estas situaciones?

Para los casos en los que necesitas llevar a cabo un cambio y necesitas que este sea permanente y aceptado, lo mejor es ser como la ranita que se mete en agua fría y comienza a nadar plácidamente.

Aquí el cambio ni se percibe. Quizá estamos hablando de dejar de comer pan en el ejemplo de la dieta, o de proponer un cambio inicial pequeño en el método de trabajo del equipo.

Una vez esto funciona, subimos la temperatura. Eliminamos los dulces entre semana. Reorganizamos el equipo en pequeños squads. Introducimos una nueva herramienta en un paso del proceso.

Y seguimos calentando.

Ya me he acostumbrado a no comer pan ni dulces entre semana, ¿para qué comerlos el fin de semana si ya empiezo a darme cuenta de que no me aportan nada bueno? Esta reflexión solo llega cuando tu cuerpo ya se ha acostumbrado al último cambio que le has introducido.

Esos squads que creamos están funcionando de manera cohesionada… establezcamos ahora un líder para esos quad, un líder natural que salga de ese mismo equipo. La aceptación será inmediata.

Y así, poco a poco, con trabajo constante y disciplina se consiguen grandes cambios minimizando la resistencia.

He de advertir que ninguna ranita muere en esta versión de la fábula. Podemos visualizarla si queremos dándose un largo baño en un calentito jacuzzi y difrutando de los beneficios de todos los cambios que ha ido implementando poco a poco sin asustar a nadie por el camino, ni provocando que quieran saltar fuera de nuestra olla (o empresa).

¿Te resulta familiar? ¿Has llevado a cabo algún cambio rápido y radical en tu vida o en tu empresa y te salió el tiro por la culata? ¿Crees que haciéndolo de esta forma te hubiera funcionado mejor?

Comenta y compartimos experiencias.


Imagen de Zdeněk Macháček vía Unsplash

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